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¡Bienvenida!

Prepárate para una experiencia saludable y emocionalmente positiva.

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Todas las madres participamos en la creación de nuestros bebés tocando un terreno sagrado.

Jesús siendo Dios se acercó a nosotros y asumió nuestra naturaleza humana naciendo como todos los bebés, María su madre lo amó y dió a luz  acompañada de José con una confianza total.

Que el ejemplo de María anime siempre a todas las mamás a enfrentar con dignidad y esfuerzo los retos de su maternidad y reciban a sus bebés con el gozo y la confianza de saber que Dios mismo está con ellas durante su parto.

 

Ayúdame Señor a comprender a mis hijos, a escuchar pacientemente lo que quieren decirme, y a responderles todas sus preguntas con amabilidad.

Evítame que los interrumpa, que les dispute o contradiga. Hazme cortés con ellos, para que ellos sean conmigo de igual manera. Dame el valor de confesar mis errores, y pedirles perdón cuando comprenda que he cometido una falta. Impídeme que lastime los sentimientos de mis hijos.

Prohíbeme que me ría de sus errores, o que recurra a la afrenta y a la burla como castigo. No me permitas que induzca a mis hijos a mentir o a robar.

Guíame hora tras hora para que confirme, por lo que digo y hago, que la honestidad es fuente de felicidad. Modera, te ruego, la maldad en mí. Evítame que los incomode, y cuando esté malhumorada, ayúdame, Dios mío, a callarme.

Hazme ciega ante los pequeños errores de mis hijos, y auxíliame a ver las cosas buenas que ellos hacen. Ayúdame a tratar a mis hijos como niños de su edad, y no me permitas exigirles el juicio y convicciones de los adultos.

Facúltame para no robarles la oportunidad de confiar en sí mismos, pensar, escoger o tomar decisiones. Oponte a que los castigue para satisfacer mi egoísmo. Socórreme, para concederles todos los deseos que sean razonables, y apóyame, para tener el valor de negarles las comodidades que yo comprendo que les harán daño.

Haznos justos y ecuánimes, considerados y sociables para con nuestros hijos, de tal manera que ellos sientan todo nuestro amor. Amén.

S.S. Francisco 2013

 

La historia actual se ha escrito por hechos que nos estremecen, hemos sido testigos de la inseguridad, el narco tráfico, la falta de esperanza, la desigualdad social, la miseria extrema y la falta de solidaridad. Y es que vemos graves vicios sociales como los hogares desintegrados, la falta de educación, el abandono de los niños, la delincuencia, el desorden sexual, la pornografía, el consumo de drogas y el egoismo.

Estamos viviendo en un mundo en el que hay crisis y orfandad de pensamiento crítico. Muchas veces no sabemos con claridad qué hacer o qué pensar y nos sentimos confundidos. Hoy predomina el relativismo, el materialismo consumista y el liberalismo como referencias para la  toma de decisiones.

Ante estas realidades, los nuevos padres sienten temor y se cuestionan a que mundo van a traer a sus hijos. Yo les animo a pensar mas bien : ¿Qué tipo de persona voy a aportar a nuestro mundo? Porque definitivamente podemos cambiar estas realidades si nos lo proponemos de verdad.  ¡Hay muchas cosas que podemos hacer, que si están en nuestra mano! Busquemos como padres implementar un sistema de valores que exprese un pensamiento a la medida de la dignidad de la persona y que busque lo bueno, lo bello y lo verdadero.  Hagamos un proyecto consciente y hermoso de nuestra vida familiar, ésta es la misión mas grande que se nos ha encomendado como padres.

La cultura y la educación es uno de los factores más importantes  para modificar la realidad en la que vivimos y el papel de los padres es fundamental. Si las mujeres nos decidimos a asumir nuestra maternidad cabalmente y los hombres su paternidad, haremos posible la existencia de familias unidas y fuertes en las que impere el respeto, el amor y la solidaridad. Todo lo que hagamos por nuestros hijos, por difícil que parezca, vale la pena y no quedará sin dar frutos en ellos.

Hoy las mujeres tenemos acceso a la universidad y al mundo del trabajo económicamente productivo, hemos demostrado nuestra capacidad  al haber incursionado  en todos los ámbitos de la vida en sociedad. La simplificación de las tareas domésticas, los supermercados, las computadoras, la posibilidad de planear nuestros embarazos, nos permite tener mas tiempo disponible para actividades fuera del hogar y para el ocio.  Este panorama tan halagador puede engrandecernos y ayudarnos a cumplir cabalmente nuestra misión si lo aprovechamos y lo ponemos al servicio de nuestra familia pero también, puede sumirnos en graves desequilibrios irreversibles, si decidimos disputar con el varón ganar ingresos económicos al altísimo costo familiar y social de abandonar o dejar de atender a nuestros hijos que requieren de nosotros y que son nuestro verdadero tesoro.

Cuando tenemos hijos recién nacidos recordemos la importancia de asumir nuestra maternidad, amamantarlos, criarlos, educarlos y guiarlos para que sen hombres y mujeres de bien.  Nuestra prioridades cambian y ellos son nuestra mayor responsabilidad. Las madres contamos con la intuición, la sensibilidad y a las capacidades inscritas en nuestra naturaleza humana femenina indispensables para llevar adelante a nuestra familia, independientemente de nuestros estudios y preparación profesional. Y es que la  mujer es capaz de desempeñar tareas nuevas e imprevistas, sin “capacitación formal previa” en momentos difíciles cuando se lo propone, simplemente lo logra.  La mujer es el fundamento de la cultura, su maternidad ha sido fuente de inspiración para poetas, escritores y músicos en todas las épocas, como también lo es para su marido y sus hijos. Y es que la mujer es la cuna de la historia. La mujer es quien transmite los valores y es la base de todas las sociedades, la familia se teje en torno a ella .

La mujer tiene sentido común y sentido práctico, tiene la capacidad de atender muchas cosas a la vez y además desarrolla “virtudes de emergencia” que surgen en situaciones límite que le permiten enfrentar las múltiples situaciones de la vida con entereza y creatividad. Sabemos que la mujer es indispensable para asegurar la integración de su familia, de ella depende en gran medida la nutrición y la salud de sus hijos y de su marido que preserva su integridad física, psicológica, emocional y espiritual. Y es que nuestro papel de mujer y madre es protagónico en la educación de nuestros hijos quienes siempre se están gestando en nuestro corazón. Como compañera, complemento y refugio; somos fundamentales en la transmisión de la vida, de las costumbres, las tradiciones, la religión y la cultura en la familia. ¡Me impresiona reconocer que grande y trascendente es ser madre!

Somos capaces de elegir libremente realizar nuestra misión aun teniendo que pasar por momentos de dolor, cuando el deber cuesta, cuando es contra la corriente, cuando duele, cuando hay que desprenderse de uno mismo o cuando hay que cambiar los planes anhelados.  El verdadero amor se purifica en las piedras de las dificultades y ser padre o madre, ama de casa o tener éxito profesional no se logra sin luchar y sin tener que esforzarse; mas aún, el sacrificio es la llave de la felicidad.  Especialmente en las dificultades es reconfortante y eficaz confiar uno en el otro; el amor entre los esposos necesita la pasión del fuego que construye con paciencia, consolidando nuestros proyectos familiares y profesionales con perseverancia, siendo fieles a la palabra dada comprometiéndose en un “si” responsable siendo padres tenaces y determinados.

¡No tengamos miedo de dar en nuestro paso por la vida lo mejor de nosotros mismos amando de verdad!

Al cumplir con nuestra misión con generosidad y responsabilidad, transformaremos a nuestra propia familia, porque mucho hace quien mucho ama. Sólo requerimos decidirlo libremente con la voluntad de alcanzar nuestras metas para dejar huella en la vida y en nuestro hogar. Nuestro primer proyecto en la familia es el nacimiento de nuestros hijos, empezando por el primero, momento clave en el que vivimos juntos el esfuerzo y la entrega viviendo con intensidad el gozo de recibirlo, luchando unidos con la fuerza del amor que es la verdadera esperanza para el mundo de hoy y la felicidad para la familia.