recien nacido

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Por Gabriela Oria

Es frecuente que los padres tengan duda o se pregunten cual será el mejor momento de hablar de sexualidad a sus hijos y muchas veces experimentan gran ansiedad en cuanto ven que el día de hacerlo se acerca y se hace inminente ante las inquietudes y preguntas de los niños. No saben por donde empezar y cuando se deciden a hacerlo, generalmente ya es demasiado tarde pues el entorno, la televisión, la computadora y los compañeros de escuela han sido sus fuentes de información en estos temas y se les han adelantado. Entonces es fundamental estar muy cerca de ellos,  alerta a sus preguntas y siempre responderles con la verdad y en el contexto del amor, usando los nombres correctos  para sus órganos sexuales para que puedan confiar en ti y se fomente una buena comunicación con ellos.

Todos recordamos de nuestras mas tempranas memorias la imperiosa curiosidad, de saber por qué los niños y las niñas son diferentes y de descubrir la belleza gloriosa del plan de quien nos diseñó para nuestra sexualidad.

Desde el momento en que el niño es concebido y tiene la experiencia de ser recibido amorosamente inicia su educación en la sexualidad que debe continuarse ininterrumpidamente a lo largo de su desarrollo. Así, sin palabras, sin libros, sin prejuicios y siguiendo el ritmo misterioso de la vida misma, los niños aprenden todo sobre la sexualidad desde el vientre de su madre y perciben la vida, pronto escuchan la voz aguda de mamá y la voz grave de papá y empiezan a reconocerlos y a descubrir que son diferentes.

Después experimenta la aventura del parto y el apasionante momento de encontrarse cara a cara con su madre. La necesidad de ser abrazado y  alimentado es inaplazable y el gozo de tenerla cerca y de ser amamantado es su experiencia vital de placer y satisfacción por medio de la cual conoce el amor puro y desinteresado así como la entrega incondicional de su madre, pase lo que pase, su bienestar esta garantizado por sus cuidados y su amor.

Siente los brazos firmes de su padre, su cara su piel mas gruesa, su barba sus juegos bruscos y divertidos y así en la magia de la convivencia en la familia reconoce las diferencias entre los dos sexos y empieza a descubrir su propia identidad.

El siguiente reto consiste en descubrir que significa amar. El niño tiene que cambiar su egoísmo fundamental, expresado con sus primeras palabras «mio, mi, yo» y poco a poco transformarse en un ser humano maduro, amoroso, que se entrega y es capaz de sacrificarse por el otro. Este proceso esta tatuado en nuestra sexualidad pues todos estamos llamados a  entregarnos para dar vida. Y es que el sexo tiene todo que ver con la vida misma.

Es necesario ayudar a los niños a distinguir lo bueno de lo malo, entendiendo que lo malo realmente no existe sino que lo malo se trata de la ausencia de lo que debería  haber en su lugar. Y esto es lograr ofrecer a nuestros hijos conversaciones abiertas, regulares, normales, saludables sobre el hermoso plan de la naturaleza para nuestra sexualidad así como favorecer momentos de convivencia con ellos y abrazarlos mucho pues lo necesitan fisicamente para sentirse amados.

De esta forma podremos ayudarles a satisfacer el hambre de conocer este plan sobre la sexualidad que los griegos llamaron «eros». Lograr que lo torcido y desviado que los niños ven y escuchan en todos lados (lo erótico), recupere su verdadero sentido, descubriendo que el sexo es verdadero, hermoso y bueno.

Nuestra cultura actual está expuesta a la pornografía que se les presenta a niños y adultos sin que la busquen, a los 11 años en promedio los niños han tenido esta experiencia y el 80% de los adolescentes han visto pornografía en internet. Que hacer ante esta alarmante situación? Si descubres a tu hijo o hija tocando sus genitales o viendo pornografía no le grites, no lo apenes, no le digas que es sucio, pues su deseo por saber es bueno y natural, explícale que ver pornografia es como hartarse de comida chatarra que le hará sentir mal y enfermarse y que descubra que está invitado a un verdadero banquete en el que encontrará el amor verdadero en el momento en que esté maduro y listo para entregarse de verdad, por lo que es mejor esperar y aplazar la gratificación.

En la generación pasada los papas no tenían esta vision y  los jóvenes solo podían reprimir su curiosidad o satisfacerla con la «comida chatarra», luego enfermar volver a reprimir y volver a caer en lo mismo repetitivamente… Hoy existe una manera diferente de educarlos, invitándolos al banquete al que están llamados, redirigiendo su deseo, siendo dueños de si mismos, eligiendo cambiar la gratificación inmediata saliendo de su egocentrismo por el deseo de entregarse a si mismo.

La fuerza dominante de «Eros» es la salvación para esta generación por lo que, como indica Cantalamessa, los padres tenemos el deber de educarnos mas en el plan del Creador sobre la sexualidad y empezar a caminar con paso firme para informarnos y transformarnos. Tener paciencia y compasión con nosotros mismos y con nuestros propios padres que no pudieron abrir ante nosotros este hermoso panorama y finalmente tener confianza en mostrar a nuestros hijos el banquete al que están llamados (gozar la unión del hombre y la mujer para dar vida, experimentando el amor total, libre, fiel y fecundo) y guiarlos para que estén menos vulnerables a la comida chatarra (pornografía, masturbación, autocomplacencia, sexo sin compromiso ni responsabilidad) Y es que si no les decimos nada y permanecemos en silencio los estaremos encaminando hacia la comida chatarra que se les presentará sin que necesariamente la busquen, robándoles la bondad y la felicidad.

Educar es amar, es nuestra responsabilidad y nuestro privilegio como padres.

Referencia:  Christopher West 2014

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